Esta vez, me parece por primera vez en este blog, voy a escribir sin la intención de hacer crecer el lugar. Es un simple y llano desahogo.
Me parece, estoy viviendo uno de los inviernos menos fríos de los 22 que me ha tocado vivir. Acaba de comenzar, es cierto, pero está muy lejos de ser de esos que te congelan hasta los mocos. Aún así, leyendo las últimas entradas que publiqué, estas vacaciones distan mucho de aquel amor veraniego lleno de cosas para hacer. Quiero culpar al frío.
La depresión invernal no es invento mío. La he visto y aparentemente me he contagiado de ella. Hoy, como hace buen rato no pasaba, estoy triste sin razón aparente.
Y de pronto me puse a observar. Pareciera que no soy el único y que a muchos les llego esto antes. ¿Y si a mi también? Analizando, creo que sí, sin darme cuenta, pero sí. Llevo 2 semanas y progresivamente se me hace más difícil quitarme las 40 cobijas de encima, bañarme, hacer de comer (ohhh sí, ante ciertas situaciones, ahora me toca a mi) y luego, nada. Pensar en que puedo hacer, que pendientes tengo y en la poca voluntad que tengo para cumplirlos.Un monólogo de puros reproches, en el que ya ni siquiera aparece el "mañana lo hago", me conozco lo suficiente como para saber que no será así. Los días pasan lenta, pero efectivamente. Cada que me doy cuenta estoy más cerca de volver a esa rutina de la que tanto pedí escapar y ahora me encuentro dentro de una aún más insufrible. Nada que hacer y con el freno de mano puesto para intentar algo diferente.
Simple, me pasé navidad viendo películas, alejado del escándalo del comedor y aunque odie el escándalo del comedor y no sea raro que me pase esas noches haciendo nada, lo tomaré como evidencia. Aún más grave es que no tenga intenciones, ganas e ilusión de pasarme horas jugando FIFA, que lejos de eso, sea una idea que me incomode y frustre bastante. Pero lo que más me preocupa es que pienso en volver a la escuela y aún no se me antoja. ¿Qué carajos quiere el niño? No lo sé, ese es el gran problema.
2011, sin duda, fue un año vertiginoso, lleno de cambios, de retos, de presiones y depresiones, de logros, de acomodos y sí, también de éxitos y alegrías. Al final, más de las últimas, un año bueno, bastante bueno, que está por terminarse.
La última vez que escribí, a mitad de año, las cosas eran muy diferentes. Acababa de salir de una situación de seguridad constante y tuve que probar nuevas cosas, actitudes diferentes, otros métodos, fue una época de gran evolución. Hoy todo parece tomar un ritmo más tranquilo de nuevo, pero algo falta. Y entre más lo pienso, más me doy cuenta de que puede ser y menos me entiendo.
Por otro lado, me leo y sigue sin gustarme. Me pregunto en qué punto me perdí. Tal vez haya sido cuando me empezó a ganar la prisa y dejé de detenerme a pensar. Pareciera buen momento para volver a hacerlo, pero no es fácil. De buena fuente sé que pensar duele.
Feliz 2012 a todos los pocos, pero elegidos lectores de "elpuntodereunion". Más que como propósito, deseo tener un año más inspirado. Más inspirador, ojalá, pero no será fácil. Aburrr!