La mente, misterio de misterios, principio y fin de los más o menos 6,603,012,996 de mundos creados dentro de las mentes de los pobladores de éste planeta llamado Tierra. Algunos tan complejos como abstractos, otros tan insulsos que parece imposible que sean tan complicados. En fin, cada uno distinto y no hay pérdida visitando cualquiera de ellos. Por eso, hoy intentaré explicar un poquito de cómo se crea mi mundo y mucho de cómo se me ocurren tantas tonterías.
Si alguien cree que los pensamientos son inofensivos y que lo que pasa en la cabeza, se queda en la cabeza, está muy equivocado.
Y es que toda la maraña de ideas, emociones, sueños, recuerdos, etc. producida segundo a segundo, es lo que le da sentido a todo al final del día y que incluso suele perseguirnos en los sueños.
Pero basta de tanto rollo, que para eso tenemos los libros de la sep, y vayamos directo a lo que tenemos que ir.
La historia comienza con un niño de entre 8 y 10 años (a los 10 se estancó todo…empecé a ver Pokémon…), sumamente inquieto y perspicaz, con la madurez de una persona un poco mayor y la fijación por hacer preguntas de todo lo que pasaba alrededor. Al parecer tanta información acerca de lo bueno, pero sobre todo de lo malo que sucedía en el mundo, atormentó al pobre muchacho y le provocó problemas de insomnio…bueno, demasiado drama, simplemente le gustaba desvelarse.
Y fue en esas inocentes desveladas, cuando su cerebro empezó a trabajar de una manera diferente, de día era una cosa y todo se movía con bastante normalidad, pero en la noche las ideas más extrañas se creaban ahí sobre la almohada, mientras se escurrían los segundos de sueño.
Si, aquel pequeño freak era yo y puede que de ahí vengan muchas de las cosas por las que nunca fui un niño normal (aunque creo que no exista alguna persona normal).
Y fue de esa forma, con noches enteras con el ojo pelón debido a la taladrante idea de que existiera el calentamiento global y el agujero en la capa de ozono(ojo, yo no fui el que se asustó con lo de Beuchot, para estos días, ya lo superé, aunque claro, no quiere decir que deje de preocuparme) y a los planes caricaturescos de cómo organizar al salón para cualquier tipo de evento irreal que le diera un poco de emoción a los días de clase, que me enseñé a pensar de noche, aprovechando el invaluable sonido del silencio y los laberintos mentales con horario de table dance.
Y bueno, no me despido, porque esta entrada, lamentablemente:
CONTINUARÁ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario