lunes, 8 de abril de 2013

Espamos #4. Déjate caer


Es cuando uno llega a cierto punto de tranquilidad cuando se pueden escribir estas cosas. Y no lo hago porque haya llegado apenas. Digamos que alguien que conozco está dando el primer paso para aquello que llamamos olvidar. Y lo "llamamos" porque realmente no se olvida, simplemente ya no importa, ya no te consume y ya no duele. Se convierte en un vago recuerdo, en una vieja canción que se oye a lo lejos y cuando menos te das cuenta, todo lo malo que pasó se convierte en una gran anécdota y puedes reírte de ella o decir, pff que tonto era o contarla, reírte con alguien más o, igual de importante, enseñar, a pesar de que nadie experimenta en cabeza ajena, no sobra intentarlo.

Curiosamente lo anterior fue escrito para otra persona, en otras circunstancias. Pero aplica.

Habiendo leído las entradas anteriores, podrán haberse formado una impresión equivocada de como fueron ciertos aspectos de mi vida durante los pasados 5 años. Cabe aclarar que todo estuvo muy lejos de ser malo. Como todo, tuvo sus ratos. 

¿Y los buenos ratos? ¿por qué no compartirlos? Simple. No me pertenecen. Aquello que brotó de la inspiración en aquellos momentos hoy es de ella nada más.Es  el único regalo que he tenido a bien dejarle.

Sin embargo, he decidido compartir con ustedes ese último regalo, aquel que previo a una inminente separación espacial tenía preparado. Mi propia crónica de una muerte anunciada, valga la expresión.

No tiene un centímetro de métrica y puede romper con todas las reglas del verso, pero lleva dentro cuestiones más importantes. Hay cariños que trascienden a los títulos y a las circunstancias.


Déjate caer

Camina como si no tuviéramos mañana.
Decide sola, que no tenemos ya pasado.
Extráñame ahora que me tienes a un lado,
Deja los reproches y culpas guardados.
No te lleves nada que no puedas cargar
Olvida mi rostro, que llevas mi esencia,
Lo demás, déjalo atrás.
Y deja libres tus brazos…
Cuando encuentres otros que borren mis trazos
Y por más que intentes no me puedas ver
Dame un último suspiro y después
Cierra los ojos y déjate caer.


Con esto cierro la mini-serie "Espasmos". Agradezco a quienes me han regalado unos minutos de su tiempo para leer y espero haberles dado algo bueno a cambio. Espero sus comentarios, los cuales también agradeceré infinitamente.

Espasmos #3: El Limbo


¿Quién no ha estado aquí? la respuesta, sin temor a equivocarme es nadie. 

Nuevamente ubicando, el plano temporal es el mismo que el de "Espasmos #2 La Guardia".  Para entender mejor ambos, les recomiendo lean primero  "Espasmos #1 El Punto final de los finales." 

La cuestión es que este texto no es actual, es del 2011 y lo tenía guardado. Espero lo disfruten.


No me queda más duda de que lo que decía Ortega y Gasset es cierto. El amor es un estado de imbecilidad transitoria. Y es que si no fuera así, yo ya la habría dejado y con mucha razón, ella también a mí. Sería lo más inteligente  y sin embargo hay algo que se contrapone al más elemental principio de lógica: si ella me quiere y yo la quiero ¿por qué ha de ser tan difícil estar juntos?*

Y es donde, para acomodar hacia la lógica, precisamente aparece una tenebrosa pregunta que sin embargo, para nada satisface los cuestionamientos y que sin duda rechazaría: ¿sería posible no quererla? ¿O que ella no me quisiera a mí? algo menos descabellado de pensar, considerando que no puedo leer su mente.

Y  vuelve a ser paradójico, porque de no quererla, se terminaría la imbecilidad transitoria y ya la hubiera dejado. Y viceversa.

No pasa ni una ni otra. Estoy en el limbo y me la estoy pasando muy mal.



*Dos años después tengo varias respuestas muy buenas a esa pregunta, pero eso es harina de otro costal.

domingo, 31 de marzo de 2013

Espasmos #2. La Guardia

Ver primero "Espasmos #1 El Punto final de los finales." 

Ubicando en el contexto y sólo por no dejar... Poco después del primer gran corte, aquel de 10 meses, el mismo intermedio entre la Parte 1 y la Parte 2 de la historia. Convenientemente, en el mismo equipo de guardia hospitalaria.




Transmitiendo en vivo desde el H.G.R.L. en la guardia del 30 de abril* a las 2:34 horas.

Está allá abajo y me hace exasperar. Su sola presencia, su insoportable sonrisa, avasallan mi paciencia y no me dejan ver. De pronto pasa y un saludo, leve, casi tímido, invita a hacer la aclaración: “Oye, paso por las fotos el martes”*. Ella asiente y sigue su camino en veloz giro, se esfuma.

Reunión en el pasillo. La miro con desconfianza. Saludo a los que la rodean con genuino gusto y luego, sin cautela, me sigo de largo.

Vuelve a pasar ella y viene el desdén, la mirada atronadora de desprecio, esa ceja altanera y los ojos secos. ¿Pero qué le pasa? ¡Bah! Lo mismo de siempre, seguro. A buscar pleito se ha dicho. Ni hablar, hoy no. No hay necesidad. Tal vez no la vea en el resto de la noche.

Un encuentro más, furtivo, inesperado. Me atrapó pensando en ella. Rostro lúgubre, mirada perdida, refunfuñando su nombre. Ella, sonriente cisne deslizándose en el pasillo. Dirige palabras incomprensibles al inservible que dice odiar y no se atreve a repetirlas. “Nada”, responde, como lo que resta de aquél cariño limpio o de ese amor violento.



*1: del 2011
*2: Fotos de los 2, que yo no tenía.

Espasmos # 1. El Punto final de los finales.

De nada vale intentar descifrar "por qués" ni "cómos" o buscar un justo medio entre su perversidad y su nobleza. Inútil también ver con más transparencia que ella misma las razones de sus decisiones, cuando a final de cuentas desdeñaré todo para seguir pensando que gran parte de eso es una completa estupidez.

De nada vale, por que no lo necesito.

Aquella pregunta que tantas veces me hice, ¿cómo desaparece de tu vida alguien con quien compartes absolutamente todo? tiene una respuesta  simple: lo hace. O en su defecto (y mejor) lo haces tú. La teoría parece tener una cantidad interminable razón, la cual sin embargo y al igual que el resto de las cosas, no voy a detenerme a contemplar. Simplemente dejaré que el flujo siga.

Hay cuestiones, errores, por así decirlo, que en un momento la vuelven terrenal y prescindible. A la inversa, seguramente, lo mismo pasa. Mi error: haber hecho las cosas demasiado bien, o dicho de otra manera, demasiado a su favor. Al final, terminar sin deudas es una ventaja y lo único que queda es caminar y crecer (lo que representa una idea bastante reconfortante tras un estancamiento prolongado).

Y de pronto estas letras no pertenecen a nadie más que a mí. Aquello que tan celosamente había guardado como nuestro, a pesar de que ni ella lo conociera, hoy es tan libre como yo.

Lo comparto, al menos una probada.

Espasmos... Recuerdos de tragos amargos, con un toque de placer.