miércoles, 4 de julio de 2007

El hombre invisible

Anoche estaba sentado en la sala. Leía plácidamente “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago (perdón Erika, apenas estoy haciendo la tarea…), cuando mi madre recorrió la estancia rápidamente y apagó la luz. “¿Qué pasó?” pregunté con inquietud. “Ay, perdón hijo, no te vi”. Y salió de ahí.
Al poco rato, mi papá repitió la escena. “Aquí estoy” dije con mi tonito seco. “¿Qué hubo? Me espantaste, ¿estás leyendo? Muy bien, ya me voy a acostar, hasta mañana hijo”.
Así fue como me convertí en un hombre invisible que leía algo acerca de un ensayo sobre la ceguera.

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