viernes, 16 de noviembre de 2007

Cuando No Hay Nada Que Decir

Señoras y señores; niños y niñas; caramelos y bolitaaaas!!
Saludos desde las profundidades de la ciudad donde la vida no vale nada!! Sé que los tenía un poco abandonados, pero esto de andar aprendiendo lo más notable y lo más remoto de las curiosidades del ser humano, más que traerme ocupado, me tiene agotado y ya cuando la noche cae, ni ganas quedan de acordarse del blog...(dónde estás facultad de filosofía y letras!!!??). Pero no se hable más mis queridos ratopines rasurados, a darle al teclado!!!
Como había comentado ya, hace tiempo que no escribía. Unas 2 o 3 veces lo hice desde que dejé las vacaciones y los campos de fresas y ésta será la primera vez desde que dejé la soltería; los que me conocen saben del milagro que esto representa...a los que no, sólo quiero aclarar una cosa: no soy feo, más bien soy medio freaky y selectivo (mala combinación), pero por fin apareció aquella que la profecía indicaba "entendería mis locuras y aguantaría mis loqueras" y que feliz me trae...lo que también explica mi ausencia, ya que como sabemos, la felicidad nos quita temas de conversación y el enamoramiento nos hace estúpidos y hace tenue ese toque amargo que me gusta usar...
Retomando, durante casi tres meses mi participación en el blog ha sido prácticamente nula por el simple hecho de que no tengo nada que decir ni que contar. Consciente de que es eso una mentira notable, me daré a la tarea de explicarla. Obviamente podría haber hablado de todos los cambios que he vivido, pero simplemente no me nace extenderme demasiado en ello por el momento; al decir que no tengo nada que decir, (valga la redundancia y la incongruencia, verdad chatos) me refiero a que he dejado de pensar, en el sentido de reflexionar, meditar, cavilar, lucubrar, abstraerme, o rumiar como lo hacía hace no mucho, cuando no dormía, cuando dejaba que mi mente se detuviera para entrar a un mundo aparte, donde las líneas rectas compartían sin problema espacio con las curvas, donde había espacio para todo y el tiempo parecía no correr hasta que marcaban las 5 de la mañana. Hoy, difícilmente me desvelo pensando en algo, me acuesto, pongo música en mi despertador presionando el botón que dice "sleep", para que el sonido se detenga una hora después de haber comenzado y recomience a la hora que indique la alarma. Mi único pensamiento previo alcance del sueño es "pon la mente en blanco" y de pronto, me pierdo en pensamientos inconscientes que difícilmente recordaré por la mañana y que no dan mucho para escribir. El momento en el que los pensamientos atacan, simplemente queda anulado. Espero, no sin angustia, que aquellos días en los que a mi mente le gustaba salir a pasear por prados desconocidos y no convencionales no se hayan terminado y próximamente me pueda dar un rato para acostarme y divagar estupidez y media, solo para voltear a ver el reloj y decir "no mames wey, ya duérmete, son las 5 otra vez".
Dedico este regreso a mis compañeros de blog que me han cubierto con notable gallardía, a Susy, que no me lee y a Erika que siempre nos lee.
Bueno ahora si, como decía Gustavo Cerati en Bocanada: "Cuando no hay más que decirnos, me hago uno con el humo y remo en espiral..."

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