Había una vez, cierto yo, sentado en el fondo del salón. Conversaba alegórico con una hermosa dama, con pinta de princesa y espíritu de Chacha.
Y dado que dicho yo, se había interesado en la doncella, le resultó muy molesto cuando otra compañera, no tan agraciada pero sí con boca de camionero, hablaba incoherencias que incluso al maestro hicieron sonrojar.
Hablaba y hablaba y sus gritos no me dejaban escuchar a la princesa y tan pasional como comunmente soy, dije:
"¡¡¡YA CÁLLATE... CHACHALACA!!!!"
Y me sentí Peje.
Pero, lo mejor fue que dicha doncella casi vomita su belleza de la risa, y pese a que me sentí un poco apenado, me ha ganado puntos con la dama.
En fin, espero que en algún momento de nuestras vidas, reunidos tal vez en algún lugar lejano y tal vez también, acompañados de la Señora Schiphol Rigby, con los Schipholitos, o con la Señora del Averno y los pequeños Avernitos, o la Señora del Hijo de Stalin, con pequeños Lenins, y la Señora Homer, con Bart, Lisa, Maggie, o Doña Lucerna y lucérnagas, nos pongamos a revisar todo lo que escribimos ahora y ríamos.
Gracias por todo hermanos.
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